miércoles, 29 de junio de 2011

QUEREMOS PAZ NO FARC

QUEREMOS PAZ NO FARC

Por: OSCAR SANTODOMINGO PAYERAS.
Abogado Consultor y Analista Político

Ese es el sentimiento del pueblo campesino en Colombia. La importante politóloga Hannah Arendt en su obra “Totalitarismo” relata cómo su pueblo judío ante tanta represión Nazi no utilizaba la vía de las armas nisiquiera para defenderse. Así es el campesino colombiano, sumamente parecido al honorable pueblo judío, a pesar de toda la represión violenta e ilegal de los actores armados, solo quiere paz y no desea utilizar las armas ni para defenderse ni para hacer parte de las guerrillas de las Farc.

Nuestro pueblo campesino cree en su sistema judicial y tiene fe en que se hará Justicia, con un hecho de transcendencia mundial: rechaza la guerra y a las Farc a pesar de su fuerte dolor. Nuestro campesino no quiere venganza, no quiere tomarse la justicia por su propia mano, y por el contrario deja en manos del juez de justicia y paz el camino ejemplar de la institucionalidad, la verdad como derecho individual y colectivo, la aplicación de justicia y la reparación integral. Nuestro campesino ve al Juez, a la Fiscalía y a la Procuraduría actuando dentro de un debido proceso constitucional y legal que va camino a la aplicación de “Justicia Material” y no de impunidad.

En estas semanas se encuentra en cartelera un documental del periodista Hollman Morris y Juan José Lozano titulado “Impunity” que merece serias críticas antes que alabanzas. Este documental muestra al Estado Colombiano ejerciendo un proceso de impunidad ante las víctimas del conflicto armado con los paramilitares lo que equivale a una gran mentira con posibles consecuencias desastrosas en el tejido social: Inducir al campesino a que tome la justicia por su propia mano engrosando las filas de las guerrillas de las Farc y desacreditar internacionalmente un proceso judicial transicional que es modelo mundial.

Decimos que “Impunity” es una gran mentira cuando en sus imágenes y contenido explicativo muestra los obstáculos que se han presentado en el proceso de Justicia y Paz (propios históricamente en procesos de justicia transicional), y de manera intencional lo hace ver como un fracaso total  dentro de una política estatal  destinada a la generación de un sistema judicial encaminado a la impunidad de los grupos paramilitares.

Por fortuna nuestro campesino sabe que el Estado a puesto de asesores a sus mejores profesionales con hojas de vida intachables y que a su vez también han sido víctimas del conflicto armado como es el caso del sociólogo y profesor universitario Eduardo Pizarro a quien fuerzas oscuras asesinaron a dos de sus hermanos después de haber renunciado a la vida de guerrilleros. El profesor Pizarro ha sido acucioso en la creación de la Ley de Justicia y Paz y en todo el proceso y nueva ley de reparación de víctimas del conflicto armado, él más que nadie vaticinó que el camino de la paz no es fácil, sin embargo Justicia y Paz es apenas el comienzo de la reconciliación nacional. Con respeto, se debe reconocer que Eduardo Pizarro es el ejemplo vivo, al igual que nuestros campesinos, de oponerse al camino de las armas y la venganza personal.

“Impunity” induce con morbosidad hacia el resentimiento social, enerva en el inconsciente de los espectadores el ánimo de la guerra, pero si ante la represión paramilitar el campesino, el indígena, el obrero, el profesional y el empresario siempre ha querido la paz y no engrosar las filas de las Farc, ahora invoco la memoria del honorable pueblo judío víctima de la segunda guerra mundial para enseñarle a mi pueblo colombiano NO A LAS ARMAS SI A LA PAZ, NO MAS FARC.





   

miércoles, 22 de junio de 2011

SINDICALISMO SINIESTRO

Por: Oscar  Darío Santodomingo Payeras
Abogado Consultor en Derecho Económico

El sindicalismo tiene como función social, además de la búsqueda de los intereses del trabajador, lograr el equilibro económico entre las relaciones obrero-patronales y la justicia social. Sin embargo, se puede probar, con toda preocupación, lo siniestro de un sindicalismo laboral que actúa contrario a derecho y a la moral social.

Este ‘sindicalismo siniestro’ se encuentra en las universidades públicas. Es el caso de la Universidad del Atlántico donde empleados públicos sindicalizados pretenden crear derechos y ejercer los mismos como si fueran trabajadores oficiales, además defienden convenciones colectivas que son contrarias a la constitución, pues hoy día es inconcebible que un trabajador pueda pensionarse a partir de la obtención de 10 años de antigüedad.

En la Universidad del Atlántico por muchos años existió una nomina de más de 200 trabajadores oficiales, pero con la nueva administración, previa investigación de los oficios que ejerce cada empleado, se descubrió que solo 21 eran realmente trabajadores oficiales, los otros 179 eran empleados públicos, pero resulta que, todos sindicalizados crearon una convención colectiva contraria a la constitución y a ley, pues no existe justificación alguna para que un ser humano económicamente activo, por el hecho de laborar 10 años ya tenga el derecho a pensionarse, por esa razón, existe una cadena de daños económicos que hacen parte del desangre de esta respetada universidad.

Así las cosas, se ha descubierto una nomina pensional de ex-trabajadores oficiales que en realidad fueron  ex-empleados públicos que exigieron su derecho de pensión con edades de 30 años y efectivamente son pensionados. De otro lado, observamos como en Barranquillas, ex – sindicalistas de antiguas empresas de servicios públicos una vez decretada la venta de estas empresas para su proceso de privatización, a cualquier precio con la complicidad de los administradores, negociaron, no los intereses de los trabajadores, sino los propios, logrando pensiones superiores a lo que merecían y en edades y tiempo de trabajo no correspondientes para las acreencias de las mismas.

Como se observa, la enorme deuda pensional de los entes territoriales es parte de los daños de ese ‘Sindicalismo Siniestro’ que no tiene en cuenta la búsqueda  del equilibrio económico y de la justicia social.